Si a veces resulta difícil hablar de la partida de un ser conocido, respetado, o admirado
, más difícil resulta vérselas cuando la que ahora parte es la propia madre. Mi madre, Norma Vásquez, ha muerto, Imposible no despedirla en este sitio “de la gente” y recordar, como en un torbellino, miles de imágenes que forman mi historia, desde mi infancia hasta hoy. Todas, como un flash, replican y lo harán por mucho tiempo pues su ausencia, el saber que ya no está, me produce un infinito vacío cargado de dolor.
Es natural nacer, crecer y morir. Es el ciclo de la vida. Pero la muerte, nuestra única certeza, nos sorprende en forma intempestiva y nos atrapa en su vorágine. Víctima de un cáncer que la tuvo a maltraer por cuatro años, se fue consumiendo lentamente en su plano físico; pero fue creciendo en espíritu y humanidad. Su ternura, su cariño y su fe, la fortalecieron y le dieron la gracia y el encanto que muestran estas imágenes. Murió rodeada de su hijos y nietos, llena de esperanzas. Colmada de dicha. Mi madre, creyente, devota, descansa en paz junto al señor.
Mi Madre, junto a sus nietos


