domingo, 17 de mayo de 2009

Mario Benedetti, un amigo, un hermano


José Saramago

La obra de Mario Benedetti, amigo, hermano, es sorprendente en todos los aspectos, ya sea por la extensión en la variedad de géneros que toca, ya sea por la densidad de su expresión poética como por la extrema libertad conceptual que usa. El léxico de Benedetti ha ignorado deliberadamente la supuesta existencia de palabras "poéticas" y de otras que no lo son. Para Benedetti, la lengua, toda ella, es poética. Leída desde esta perspectiva, la obra del gran poeta uruguayo se nos presenta, no sólo como suma de una experiencia vital, sino, sobre todo, como la búsqueda persistente y lograda de un sentido, el del ser humano en el planeta, en el país, en la ciudad o en la aldea, en su casa simplemente o en la acción colectiva. Son muchas las razones que nos llevan a la lectura de Benedetti. Tal vez la principal sea ésa, precisamente: que el poeta se ha convertido en voz de su propio pueblo. O sea, en poeta universal.

Javier Rodríguez Marcos

La vida es una máquina / para la que no hay respuestas / ni repuestos". Eso dicen unos versos de Máquina, un poema incluido en Testigo de uno mismo, el último libro de Mario Benedetti, publicado pocos días antes de su muerte y lleno, no ya de versos finales sino, como decía él mismo, gran futbolero, de "versos semifinales".

Puede que Benedetti supiera más de repuestos que de respuestas. De hecho, uno de sus muchos primeros trabajos lo consiguió en una empresa de recambios del automóvil. Recaló en ella después de dejar colgado el bachillerato y de pasar por el Liceo Alemán de Montevideo. También después de pasar penurias porque un falso amigo estafó a su padre, químico, vendiéndole una farmacia vacía. Fue en Tacuarembó, la capital del estado al que pertenece Paso de los Toros, el pueblo en el que nació Mario Benedetti en 1920.

En 1945 publicó su primer libro, La víspera indeleble, un poemario que nunca quisó reeditar. Contaba Benedetti que su visión de la lírica cambió al descubrír en Buenos Aires la poesía "sencilla y clara" de Baldomero Fernández Moreno. Hasta entonces, la poesía que se escribía en el Río de la Plata estaba tejida con un léxico de importación: "Los poemas estaban llenos de corzos y gacelas. Animales que aquí no hay", recordaba el autor de Poemas de la oficina (1956).

Puede que éste sea el libro en el que aparece ya madura la voz del Benedetti más conocido: sencilla, irónica, sentimental, como dicha en medio de una conversación. En un tiempo en el que la poesía parecía hecha para ser declamada engolando las esdrújulas en un campo de fútbol, el escritor uruguayo se unía al tono cercano de Nicanor Parra y Ernesto Cardenal. De esa pasta están hechos títulos como Noción de patria (1963), Poemas de otros (1974), Cotidianas (1979) y El olvido está lleno de memoria (1995). Esos libros le valieron en 1999 el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana, el más importante del género, pero, sobre todo, le valieron el fervor de un público que se identificaba con poemas amorosos como Corazón coraza, Hagamos un trato o Táctica y estrategia. Las canciones de Daniel Viglietti o Joan Manuel Serrat y un filme como El lado oscuro del corazón, de Eliseo Subiela, no hicieron más que multiplicar la fama del poeta más popular de América Latina después de Neruda.

Además de poesía, Mario Benedetti escribió de todo: artículos de periódico, ensayos, teatro y narrativa. En 1960 publicó La tregua, una novela adaptada para el cine por Sergio Renán que en 1977 optó al Oscar que terminaría llevándose Amarcord.

Su compromiso con la izquierda uruguaya le costó, tras el golpe de Estado de 1973, un exilio que le llevó a Cuba y de allí a España, después de ser expulsado de Perú por un policía que se quedó dormido mientras él hacía las maletas y, de paso, se deshacía de documentos comprometedores. Al despertar sólo acertó a decir: "Por favor, no se lo diga a mis jefes". Mario Benedetti tardó 10 años en volver a Uruguay. Hacía ya tiempo que había escrito que su noción de patria era "la urgencia de decir nosotros".

lunes, 9 de marzo de 2009

Jane Fonda regresa a Broadway


Jane Fonda, la gran diva de cine de los años 60 y 70 (Barbarella, La Jauría Humana, Síndrome de China) vuelve a Broadway 46 años años después. Al frente del reparto de "33 variaciones", en el teatro Eugene O´Neill, Jane Fonda interpreta a una musicóloga que lucha por develar el misterio de las Variaciones Diabelli que obsesionaron a Beethoven... y también por ganar su propia carrera contra el tiempo.

Parece un papel a la medida para esta gran camaleona, que en los años 60 fue un ícono sexual con Barbarella, y más tarde activista política, protestando contra la guerra de Vietnam fotografiandose encaramada a un tanque enemigo.

La obra es un mero pretexto para atraer al público a un reencuentro con este verdadero ícono cultural mutante, cuya madre se suicidó cuando ella tenía sólo doce años y su padre, el gran actor Henry Fonda, fue siempre muy distante. Sin embargo al pedir perdón por la foto del tanque en Hanoi, lo primero que Jane dijo fue: «Tuvo que ser muy doloroso para mi país ver a la hija de Henry Fonda hacer eso».

domingo, 15 de febrero de 2009

Subastan foto de Madonna


Una fotografía en blanco y negro e inédita de la cantante y actriz estadounidense Madonna en la que posa desnuda se ha vendido en la casa de subastas Christie's por 29.300 euros, el triple del precio inicialmente estimado por esa firma.

La foto fue realizada por el estadounidense Lee Friedlander en 1979, cuando Madonna no era todavía "la ambición rubia", y su precio de salida era de entre 7.812 a 11.700 euros, pero se vendió a un precio de martillo de 29.300 euros, según informó un portavoz de la empresa.

Esa instantánea formaba parte de otros 154 lotes vendidos de la colección Constantiner "Iconos del glamour y el estilo", cuyo valor total se estimó entre los 859.300 y los 1,3 millones de euros.

"Se trata de una imagen poco habitual de una artista, firmada y sellada, que además no forma parte de la serie de imágenes de Madonna que se publicaron en Playboy", explicó antes de la subasta, su responsable, Matthieu Humery.

Más información | ABC

domingo, 8 de febrero de 2009

Pin Pon: el muñeco que vive con nosotros


Estaban todos!!!!, habían llegado a despedir a Pin Pon, pero... qué equívoco fue ese?. Nooo, no murió Pin Pon, el que partió fue Jorge Guerra, el actor, el exiliado, el Premio Nacional de Artes en Cuba. ¿Pero que es eso de llevar juguetes al cementerio? Había globos,remolinos y un conejo Lila que quedó sobre su ataud.

Pin Pon es un muñeco con cuerpo de algodón, y los muñecos no deben morir, con ellos moriría la inocencia, la ilusión, la fantasía y ya nadie tendría derecho a soñar, nada quedaría....

Habíamos algunos que despedíamos a Jorge Guerra, los menos... Casi todos estaban para despedir el pecoso muñeco que tanta enseñanza, bondad y amor entregó. Los niños muchos tan pequeños aún, trataban de ver el cajón que encerraba a Pin Pon, y nadie, nadie explicaba que el no estaba allí, que está en nuestros recuerdos, en nuestros corazones en nuestra inocencia perdida. Me niego a aceptar que el chiquito cantante de piernas flacuchas, se nos fue, eso sería como dejar el alma de la niña que aún vive en mi.

Ya mucho se ha dicho querido Jorge y seguro querrás descansar. Todos sabemos un poquito más de ti, de tu talento y tu andar en los caminos que el exilio te llevó. Donde otras patrias que no eran la tuya te premiaron y reconocieron en ti el valor, el coraje y el talento. Hoy ya me despido y te digo querido amigo, ya nos veremos. No se si lograré llegar donde tu estarás. Que vas al cielo, de eso estoy segura.

Patricia Parker

sábado, 7 de febrero de 2009

Se nos ha ido Pin Pon


Patricia Parker

Cuando las estrellitas comienzan a salir... Pin Pon se va a la cama y se acuesta a dormir... y así fue cuando las estrellitas salieron, querido Pin Pon, te fuiste para tu peregrinar haciendo tu personaje a los ángeles, que te deben haber esperado para compartir tu inocencia y tu amor.

Jorge Guerra estaba trás el personaje y me lleno de orgullo de haber sido su amiga, amiga del hombre que más cerca estuvo de los niños, el más amado con su carita llena de pecas y sus canciones alentadoras y explicativas para los peques. Mi hijo, hoy casado, creció con Pin Pon, y esta noche llora igual que yo tal como seguramente millones lloramos la partida del querido niño que tanto nos hizo disfrutar.
La fuerza de la Dictadura lo hizo partir a un exilio casi interminable. Hombre de conciencia y de tablas, las que nunca abandonó hasta que su cansado corazón se detuvo, ya agotado de tanto peregrinar.

Pero Pin Pon, no es pasado: está en nuestras mentes y corazones por siempre, sus canciones vienen a mi mente y lloro y casi no puedo escribir, pero...ya es tarde, el verano se lo llevó y cada noche habrá una estrellita que nos recuerde al amado Pin Pon.

Patricia Parker A.

domingo, 1 de febrero de 2009

Abrazos y no palabras


Cuando ya nos cansamos de palabras que resultan vanas y vacías en estos momentos de incertidumbre global, en los que sólo aspiramos a superar nuestros propios miedos, es válido detenerse y mirar al otro. Quizá un abrazo, resulte más sanador que mil palabras.
Comparto este video, enviado desde Sevilla por mi amigo José Joaquín Pérez.

sábado, 17 de enero de 2009

Andrew Wyeth, un gran artista del siglo XX


El pintor estadounidense Andrew Wyeth, quien fue calificado como uno de los más grandes artistas del siglo XX, murió en su casa en la periferia de Filadelfia (Pensilvania) a los 91 años. El pintor, que nació el 12 de julio de 1917, sufría una "leve enfermedad" y murió mientras dormía en su casa en Chadd Ford, cerca de Filadelfia.

Andrew Newell Wyeth es conocido por la atmósfera melancólica de sus escenas y por la precisión fotográfica de sus pinturas, generalmente en tonos grises y sepias. Su cuadro más célebre es 'Christina's World' ('El mundo de Cristina', 1948), en el que se ve a una mujer, vestida de rosa, que parece minusválida e intenta subir una colina hacia una casa victoriana.

Wyeth es considerado uno de los mejores pintores costumbristas de Estados Unidos y fue uno de los primeros artistas contemporáneos que consiguió colgar una obra en la Casa Blanca, en 1970. Su inspiración son sus lugares de residencia: Pensilvania y Maine.

Sus cuadros están sobre todo en el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MOMA), en el de Arte Metropolitano de Nueva York (Met), en el Museo Brandywine River (Chadds Ford, Pensilvania) y en el Museo de Arte de Portland (en Maine).

Wyeth recibió el premio Einstein en 1967 y fue elegido a la Academia de Bellas Artes de París en 1976. Recibió en 1988 la medalla de oro del Congreso, que es la mayor distinción del Parlamento estadounidense.

Visite la Galería de Andrew Wyeth